viernes, 26 de octubre de 2012


¡Joder! Maldita zorra. ¡Que dolor! Y encima mi camisa de seda negra hecha añicos...
La vi caminar hacia la casa y comencé a seguirla, cojeando, pero aligerando el paso.
  • ¡Eh! ¿Voy a tener que follarte para que me digas tu nombre?
Le pregunté con brusquedad. Me quedé pensando un instante la barbaridad que había dicho pero, realmente estaba ansiosa de que me diera un si como respuesta.
Me detuve un momento y me quedé pensando en que cojones hacía allí y para que me había llamado.
  • ¡Oye! ¿qué se supone que hago aquí y por qué me has llamado?
Necesitaba respuestas, pues todo aquello me resultaba extraño...
Mientras ella intentaba distraer mi atención con su beso, agarre con fuerza su camisa y la desgarre hilo por hilo dejándole la barriga al descubierto, lleve una de mis manos a su rostro y apreté su piel, lentamente me acerqué a ella, saqué mi lengua y mojé sus labios para terminar besándola con desesperación, lo cuál terminó siendo para mi... asquerosamente delicioso, pero me contuve.. no se como... pero lo hice.

Arranqué la tela de un solo golpe y lo guarde entre mis senos.
Le di un empujón y pisé uno de sus pies con la punta del taco de la bota. <<warradas>>, me di la media vuelta, mi pequeña falda negra se revolvió con el viento al igual que mi cabello, solo sonreí y comencé a caminar hacia aquel lugar, tan lejano y tan adorable a la vista

 Mi cuerpo empezó a tensarse mientras sentía el roce de su cuerpo contra el mio. Esta mujer sabía como hacer que flaqueara. Pero tenía que ser fuerte, y no dejarme embaucar por sus movimientos y sus acciones. Cuando estuvo tan cerca que hasta sus labios rozaban los míos, giré la cara.
  • Para, no sigas.
Le dije aguantándome las ganas. Intentaba calmar mis ganas de sexo pero eran demasiado intensas como para apaciguarlas. Volví a girar la cabeza y me quede mirándola a los ojos, con una mano tomé su rostro y junté mis labios con los suyos. Aquel beso fue corto pero intenso, aparté mis labios de los de ella y le pregunté nuevamente:
  • ¿Ahora me dirás tu nombre?
Sonreí con picardía y dejé que ella me contestara...
Levanté una ceja y me quedé embobada mirando cada uno de los movimientos que esta mujer hacía. Y me quedé ahí, sin movimiento, sin palabras. Hasta que escuché lo de mi nombre.

"¿Tanto te vale como o cuál sea mi nombre?", dije levantando una ceja.

Solté una carcajada para que no siguiera hablando, me acerqué a ella despacio, la tomé por la cintura. <<La verdad, supuse que estaría de acuerdo, y si no... que mas daba... más de un golpe o unos tantos... no recibiría>> así que la tomé rodeándola con los brazos alrededor de su cuerpo y la estreché con fuerzas hacia el mio. Quedamos de frente y la observé a los ojos un tanto inocente, aproveché ese instante para enredar mis dedos entre su camisa y así dar el siguiente paso. Acerque mis labios a los de ella intentando intimidarla. Y por como se movía, por su respiración y sus gestos... creo que casi lo lograba.

jueves, 25 de octubre de 2012


Mastiqué para no ahogarme, aquella reacción por parte suya me dejó muy loca. Tomé el pañuelo que me ofreció y antes de utilizarlo me lo acerqué a la nariz y empecé a olerlo. Después me limpié los labios y lo guardé en el bolsillo del pantalón.
  • Después lo tiraré.
Dije con una sonrisa en los labios. Aunque aquel pañuelo lo guardaría para mi.
  • Muchas gracias por invitarme a ese pedacito, pero me hubiera gustado mas si... nada, déjalo.
Me callé y seguí observándola.
  • No me dijiste tu nombre.
Insistí nuevamente, pues necesitaba saber como se llamaba aquella mujer; en mi mente barajé varios nombres, pero ninguno me convencía, así que esperé a que fuera ella quien me lo revelara. Estaba un tanto nerviosa, pues no sabía el cometido de aquella reunión, todo parecía un misterio del que supuse no entendería nada. Pero me alegraba de haber ido a aquel encuentro, pues tan solo con su presencia, me sentía alagada y mis hormonas demasiado alteradas.
Esa mujer, a simple vista y con tan solo mirarla, desprendía sexo a raudales y hacía que mi cabeza empezara a recrear una escena de una película de porno duro. No sabía si era por su cuerpo, sus movimientos, su olor... pero encendía la bestia que anidaba en mi interior...
La volví a mirar, y me quede en silencio.
Le guiñe un ojo, y le sonreí  Me estiré con cuidado y le mostré aquella bodega justo al final de la calle. Olía a rosas el lugar, la verdad es que me había esmerado en que el lugar se viera acogedor, mucho tiempo antes de hacerle aquella invitación. Puse rosas rojas, pinte algunas de azul y de negro, las convine de tal forma que fueran agradables con tan solo mirarlas. También me preocupé del cesped, claro está; cortado de formas y tamaños distintas. Todo dispuesto para el momento de su llegada.  Saqué una barra de chocolate del bolsillos, de esos con cubiertas brillantes y que suenan mucho al abrirlas, se la ofrecí, pensé un instante y se lo metí en la boca. "Para que preguntarle.. "pensé, "si ya se que los ama". Saqué el envoltorio con cuidado, lo tomé entre mis dedos y lo acomodé entre mis senos.. "ya luego lo tiraré", me dije.

Le volví a sonreír, metí la mano entre mi falda y saqué un pequeño pañuelo, lo agité al viento y se lo mostré.
* "Esto es para ti", dije soltando una carcajada

  • Disculpa, andaba sumida en mis pensamientos.
Mentí, realmente estaba embobada con aquella mujer, con sus movimientos, sus gestos... no se si era yo o que me pasaba, pero aquella mujer tenía algo que no sabría explicar, pero que me dejaba sin aliento con tan solo verla.
  • Mi nombre es Helena.
Hubo un momento de silencio incomodo, y la verdad es que no podía dejar de mirarla, en ese mismo momento estaba dándole las gracias a mis padres por haber sido mujer, pues de lo contrario, quizá estaría babeando o... en ese momento bajé la vista a mis pantalones.
No conocía a aquella mujer, pero al parecer, ella me conocía, aunque solo fuese de oídas. Pero... ¿qué querría de mi? No sabía si preguntarle, la curiosidad me mataba, pero preferí callarme, tal vez ella me explicaría.
  • ¿Cuál es tu nombre?
Pregunté con un poco de timidez, aunque yo le dije el mio, así que merecía saber el suyo. En ese mismo instante empezaron a venirme imágenes y escenas a la cabeza, todas obscenas, que raro en mi... sacudí la cabeza y centré mi mirada en un punto, aunque ese punto eran dos, penetrantes y misteriosos, en los que alguien fácilmente podría perderse en ellos... hablaba de sus ojos... aunque la verdad, no me importaría compartir cama con esa mujer...
"Hola", le dije sonriendo... levante una ceja y lentamente comencé a darle vueltas, "tal como me la describieron", sonreí complacida.

Me quede frente a ella, observe detalladamente cada uno de sus rasgos, sus labios, sus ojos, todo me llamo la atención de aquella criatura... me di la media vuelta y solté una carcajada maliciosa, me mojé los labios lentamente con la lengua "cuál es tu nombre preciosa?", me di la vuelta despacio mientras tomaba su aroma cautelosamente, ya que, el viento jugaba a mi favor. Bajando la cabeza, lancé un suspiro, y me quede embobada mirando sus zapatos.
Espere ansiosa quizás por unos largos 10 minutos, que fueron casi eternos... de a poco subí la vista hasta llegar a sus labios. "Bienvenida", le dije de golpe esperando alguna reacción. Tomé su cigarrillo entre mis dedos, se lo quite lentamente y me lo puse en la boca, acomode mi cabello y lo alboroté hacia uno de los costados. Me lleve el cigarro a la boca y disfrutando al máximo aquella bocanada de tabaco, respiré aliviada... "dulce", dije en susurros, y así poco a poco este fue consumiéndose. Le clavé la mirada en los ojos y respire.

Una llamada inesperada


Eran las cuatro de la mañana, tal vez pasaran unos minutos mas, no se, a esas horas ni mis ojos tenían ganas de esforzarse por ver algo.
Tirada en el sofá, escuchando las idioteces de la televisión, pasaba lentamente el tiempo. No sabía que hacer, me había puesto de todas las posiciones que se me ocurrían pero seguía incomoda. Decidí levantarme, todo giró en mi cabeza y caí desplomada en el sofá, cuando me recuperé, eché un vistazo a mi alrededor... ¿cuántos días hacía que no limpiaba? ¡Joder! Estaba todo hecho una mierda, latas de cerveza por toda la mesa, cajas de pizza, bolsas de papas...
Me levanté y fui a la cocina, agarré una bolsa de basura y volví al salón, empecé a recoger todo aquel desorden.
Miré el reloj, las cinco y media, minuto arriba, minuto abajo. Me senté de nuevo en el sofá, y en aquel instante sonó el móvil... ¿dónde lo habré puesto? Seguía sonando y al fin lo encontré, se había escondido entre los cojines de mi querido sofá.
Número desconocido...
  • ¿Sí? ¿quién es?
Un ruido ensordecedor provenía del otro lado de la línea. Al momento una voz femenina repetía mi nombre varias veces.
  • Si, soy yo, ¿quién eres?
Me dio una dirección y una hora, y terminó la llamada con “No llegues tarde”.
Aquello me sonaba a broma, pero aun así no tenía nada que perder, así que apunté la dirección en un trozo de papel.

CALLE CATRICURA
NUMERO 8726
6:30 AM

Miré el reloj, faltaba justo una hora y pocos minutos para las seis y media de la mañana, así que fui a darme una ducha y vestirme.
Cuando faltaban exactamente cuarenta minutos, salí de casa, subí a mi “Mazda” RX-8 color rojo, y me fui hacia aquel sitio, encendí la radio, odiaba el silencio, empezó a sonar una canción que me recordaba a aquellos días en los que lo único que me importaba era la fiesta, el alcohol y las mujeres, y tal vez algo mas...
Media hora después había llegado al lugar, paré el coche y salí fuera, busqué en mi cazadora mi paquete de tabaco y saque un cigarrillo, lo encendí y esperé.
A los cinco minutos de estar allí, de la casa salió una mujer, miré el reloj y efectivamente, era la hora acordada...
Aquella mujer caminaba muy decidida hacia mi, se paró en frente mía y me sonrió...