¡Joder! Maldita zorra. ¡Que dolor! Y
encima mi camisa de seda negra hecha añicos...
La vi caminar hacia la casa y comencé
a seguirla, cojeando, pero aligerando el paso.
- ¡Eh! ¿Voy a tener que follarte para que me digas tu nombre?
Le pregunté con brusquedad. Me quedé
pensando un instante la barbaridad que había dicho pero, realmente
estaba ansiosa de que me diera un si como respuesta.
Me detuve un momento y me quedé
pensando en que cojones hacía allí y para que me había llamado.
- ¡Oye! ¿qué se supone que hago aquí y por qué me has llamado?
Necesitaba respuestas, pues todo
aquello me resultaba extraño...
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