Eran las cuatro de la mañana, tal vez
pasaran unos minutos mas, no se, a esas horas ni mis ojos tenían
ganas de esforzarse por ver algo.
Tirada en el sofá, escuchando las
idioteces de la televisión, pasaba lentamente el tiempo. No sabía
que hacer, me había puesto de todas las posiciones que se me
ocurrían pero seguía incomoda. Decidí levantarme, todo giró en mi
cabeza y caí desplomada en el sofá, cuando me recuperé, eché un
vistazo a mi alrededor... ¿cuántos días hacía que no limpiaba?
¡Joder! Estaba todo hecho una mierda, latas de cerveza por toda la
mesa, cajas de pizza, bolsas de papas...
Me levanté y fui a la cocina, agarré
una bolsa de basura y volví al salón, empecé a recoger todo aquel
desorden.
Miré el reloj, las cinco y media,
minuto arriba, minuto abajo. Me senté de nuevo en el sofá, y en
aquel instante sonó el móvil... ¿dónde lo habré puesto? Seguía
sonando y al fin lo encontré, se había escondido entre los cojines
de mi querido sofá.
Número desconocido...
- ¿Sí? ¿quién es?
Un ruido ensordecedor provenía del
otro lado de la línea. Al momento una voz femenina repetía mi
nombre varias veces.
- Si, soy yo, ¿quién eres?
Me dio una dirección y una hora, y
terminó la llamada con “No llegues tarde”.
Aquello me sonaba a broma, pero aun así
no tenía nada que perder, así que apunté la dirección en un trozo
de papel.
CALLE CATRICURA
NUMERO 8726
6:30 AM
Miré el reloj, faltaba justo una hora
y pocos minutos para las seis y media de la mañana, así que fui a
darme una ducha y vestirme.
Cuando faltaban exactamente cuarenta
minutos, salí de casa, subí a mi “Mazda” RX-8 color rojo, y me
fui hacia aquel sitio, encendí la radio, odiaba el silencio, empezó
a sonar una canción que me recordaba a aquellos días en los que lo
único que me importaba era la fiesta, el alcohol y las mujeres, y
tal vez algo mas...
Media hora después había llegado al
lugar, paré el coche y salí fuera, busqué en mi cazadora mi
paquete de tabaco y saque un cigarrillo, lo encendí y esperé.
A los cinco minutos de estar allí, de
la casa salió una mujer, miré el reloj y efectivamente, era la hora
acordada...
Aquella mujer caminaba muy decidida
hacia mi, se paró en frente mía y me sonrió...
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