jueves, 25 de octubre de 2012

Una llamada inesperada


Eran las cuatro de la mañana, tal vez pasaran unos minutos mas, no se, a esas horas ni mis ojos tenían ganas de esforzarse por ver algo.
Tirada en el sofá, escuchando las idioteces de la televisión, pasaba lentamente el tiempo. No sabía que hacer, me había puesto de todas las posiciones que se me ocurrían pero seguía incomoda. Decidí levantarme, todo giró en mi cabeza y caí desplomada en el sofá, cuando me recuperé, eché un vistazo a mi alrededor... ¿cuántos días hacía que no limpiaba? ¡Joder! Estaba todo hecho una mierda, latas de cerveza por toda la mesa, cajas de pizza, bolsas de papas...
Me levanté y fui a la cocina, agarré una bolsa de basura y volví al salón, empecé a recoger todo aquel desorden.
Miré el reloj, las cinco y media, minuto arriba, minuto abajo. Me senté de nuevo en el sofá, y en aquel instante sonó el móvil... ¿dónde lo habré puesto? Seguía sonando y al fin lo encontré, se había escondido entre los cojines de mi querido sofá.
Número desconocido...
  • ¿Sí? ¿quién es?
Un ruido ensordecedor provenía del otro lado de la línea. Al momento una voz femenina repetía mi nombre varias veces.
  • Si, soy yo, ¿quién eres?
Me dio una dirección y una hora, y terminó la llamada con “No llegues tarde”.
Aquello me sonaba a broma, pero aun así no tenía nada que perder, así que apunté la dirección en un trozo de papel.

CALLE CATRICURA
NUMERO 8726
6:30 AM

Miré el reloj, faltaba justo una hora y pocos minutos para las seis y media de la mañana, así que fui a darme una ducha y vestirme.
Cuando faltaban exactamente cuarenta minutos, salí de casa, subí a mi “Mazda” RX-8 color rojo, y me fui hacia aquel sitio, encendí la radio, odiaba el silencio, empezó a sonar una canción que me recordaba a aquellos días en los que lo único que me importaba era la fiesta, el alcohol y las mujeres, y tal vez algo mas...
Media hora después había llegado al lugar, paré el coche y salí fuera, busqué en mi cazadora mi paquete de tabaco y saque un cigarrillo, lo encendí y esperé.
A los cinco minutos de estar allí, de la casa salió una mujer, miré el reloj y efectivamente, era la hora acordada...
Aquella mujer caminaba muy decidida hacia mi, se paró en frente mía y me sonrió...

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